—De mi corazón puedo hablar luego -respondo-, pero del ocupante ausente hay una caja exclusiva en la que guardo raudales de recuerdos y motivos que me hacen retroceder el tiempo…
Y así comienzo a relatar mi dulce odisea cuando te conocí, y todo lo que te trajo a mí. Entonces fluye el verbo, que se vuelve placentero y llueven torrentes de palabras que no se oxidan aunque estén guardadas por mucho...y te presento ante los demás como mi humano favorito, irrepetible, maravilloso y dolorosamente necesario, como esas personas que entran a tu vida sin pedir permiso y se quedan aunque ya se han marchado.
—¿Y mi corazón? Sigue allí, latente y vivo. ¿No es evidente?
*J8
Esas personas que entran a tu vida sin pedir permiso y se quedan aunque ya se han marchado...q bonito!!
ResponderEliminar